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Historias populares chinas: El momento en que Yu Guang reforzó las cañas una a una



[Minghui Net]

En la región montañosa al oeste de la provincia de Zhejiang, se ha contado durante generaciones la siguiente historia:

Hace mucho tiempo existía un muchacho que era perezoso y le gustaba mucho comer. Hostigaba constantemente a las mujeres de su pueblo. Jamás, en el transcurso de su vida, se le vio hacer un trabajo honrado, y sobrevivía a costa de robar a su familia y a sus vecinos. Todos los habitantes del pueblo decían que no tendría una muerte fácil después de haber cometido tantos pecados.

Finalmente, el supuesto día de la muerte llegó. Este día sonaban los truenos y los relámpagos rayaban el cielo. Un remolino de nubes sombrías se amontonaban y ruidosos truenos gruñían uno tras otro, en dirección a las regiones montañosas. Las enormes y negras nubes bajaban como si fuera el fin del mundo.

Aquel día, el holgazán perezoso que jamás había hecho nada honrado, tuvo de repente un impulso que le vino como arte de magia. Mientras todo el mundo regresaba corriendo de los campos hacia la casa, él hizo justo lo contrario. Tomó un sacho y se encaminó hacia el campo. A su familia esto le pareció muy extraño porque era como si el sol se levantara por el oeste. Su familia le pidió que no saliera ya que el peligro era demasiado grande. Pero él no hizo caso y su familia lo maldijo diciendo: ¡Vete para allá! ¡Qué un rayo te mate!

Había escuchado tantas veces este tipo de maldiciones que apenas prestó atención a ello. Cuando llegó al campo, vio que los trigales estaban inundados. Sabía que el trigo no tardaría mucho en pudrirse, y que el penoso trabajo del año de los aldeanos iba a echarse a perder y el hambre atacaría al lugar. Pensando en esto, se olvidó del rayo y el aguacero; se remangó los pantalones, recogió el sacho y comenzó a reforzar cada hilera de las cañas. Justo en este instante, el cielo vio que tenía intactas las capas de pensamientos benévolos, entonces calmó los truenos y los rayos y el enorme aguacero dejó de caer. Cuando hubo reforzado cada grano del campo, las nubes en el cielo se apartaron y el sol salió.

Aunque estaba totalmente mojado, sintió que espiritualmente se había convertido en otro hombre. Antes, siempre estaba furioso y desanimado, sin embargo ahora, se sentía de repente una persona válida. Comprendió que todavía tenía mucho que hacer y comenzó a trabajar duro y a hacer el bien. Pronto su familia y sus vecinos comenzaron a respetarlo y a ofrecerle la amistad. Desde ese día se convirtió en un hombre de corazón, diligente, que sigue la virtud, haciéndose un nuevo hombre.